Enjambre llegará al Zócalo junto con otros artistas en un festival organizado por una fundación con objetivos explícitamente religiosos. Su misión, sus finanzas y la relación entre sus valores y los espacios culturales que ocupa merecen algo más que una mirada al cartel.

El próximo 8 de noviembre, el Vitae Fest volverá al Zócalo de la Ciudad de México con Enjambre, Banda Los Recoditos, Mau y Ricky y Alexander Acha. La entrada será gratuita y la combinación de artistas apunta a convocar a públicos diversos: desde quienes siguen el rock alternativo hasta quienes consumen música pop y regional mexicana. Sin embargo, detrás de la promesa de un concierto multitudinario existe una organización cuya identidad merece ser examinada: Vitae Global Foundation.

La dimensión religiosa de esta organización no es una interpretación de sus críticos. En su declaración fiscal estadounidense, Vitae explica que busca transformar la cultura e influir en las nuevas generaciones mediante las artes, los medios y el entretenimiento, con el propósito de acercarlas a la espiritualidad y a determinados valores. La descripción oficial de su festival va todavía más lejos: habla de promover la familia, la solidaridad, la esperanza y la espiritualidad, y de propiciar un encuentro personal con Dios. En 2022, Vatican News entrevistó a su fundador, Luis Alberto Quinelli, y presentó a Vitae como un proyecto dedicado a transmitir el Evangelio mediante la industria del entretenimiento. No estamos, por tanto, ante una organización que simplemente alquila un escenario para ofrecer música: la evangelización forma parte de su misión declarada.

Una fundación religiosa detrás de la cultura masiva

Vitae Global Foundation está registrada en Estados Unidos como una organización sin fines de lucro bajo la categoría fiscal 501(c)(3), y aparece clasificada en los registros fiscales como una entidad religiosa vinculada a los medios y las comunicaciones religiosas. Entre las personas que figuran en su dirección se encuentran Luis Alberto Quinelli, presidente; Jessica Siniscalchi, secretaria; y Patrick Slim Domit, director. La organización también ha tenido vínculos públicos con el entorno católico: en 2025, el Vitae Fest de Ciudad de México difundió un mensaje grabado del papa Francisco.

Estos datos permiten documentar una relación explícita con la evangelización cristiana y con figuras de la Iglesia católica. Lo que todavía no permiten es concluir, sin más pruebas, que la fundación tenga una afiliación partidista de derecha o que sostenga posiciones específicas contra el aborto, los derechos LGBT o el feminismo. Precisamente por eso es necesario investigar sus declaraciones, sus alianzas y las ideas que promueve. Si existe una agenda social conservadora, debe poder identificarse a través de documentos, pronunciamientos y actividades concretas, no únicamente por asociación religiosa.

La pregunta relevante es cómo una organización con estos objetivos utiliza la música popular para acercarse a públicos que quizá no conocen su identidad institucional. El entretenimiento tiene una capacidad extraordinaria para reunir a personas de distintas edades, intereses y convicciones. Un cartel atractivo puede convocar a miles de asistentes que acuden por sus bandas favoritas sin preguntarse quién organiza el encuentro o qué proyecto cultural busca impulsar.

Donaciones, superávit y transparencia

Las cifras públicas de Vitae Global Foundation permiten abrir otra línea de investigación. De acuerdo con su declaración fiscal estadounidense correspondiente al ejercicio 2024, la fundación reportó ingresos por 781,625 dólares y gastos por 347,352 dólares. La diferencia fue un superávit de 434,273 dólares, mientras que sus activos netos al cierre del año alcanzaron los 497,144 dólares. Los registros indican además que prácticamente todos sus ingresos procedieron de contribuciones y donaciones.

Hay que precisar qué significan estas cantidades: no demuestran que el Vitae Fest haya producido por sí solo ese superávit, ni que el dinero se haya repartido entre sus dirigentes. Una organización sin fines de lucro puede terminar un ejercicio con recursos excedentes y conservarlos para sus actividades futuras. Sin embargo, las cifras sí justifican preguntas sobre el origen de las donaciones, su destino y los resultados de los proyectos financiados con ellas.

La propia declaración fiscal describe el Vitae Fest como una iniciativa musical destinada a promover valores espirituales y familiares. Por eso resulta pertinente conocer cuánto cuesta producir el festival, qué parte de sus gastos se cubre mediante donaciones, quiénes aportan los recursos y qué mecanismos de rendición de cuentas existen. También es necesario esclarecer cómo se financian las ediciones mexicanas y si intervienen instituciones públicas, patrocinadores privados o aportaciones de otra naturaleza. Hasta ahora, las cifras fiscales estadounidenses no permiten atribuir una cantidad concreta al concierto del Zócalo ni establecer cuánto dinero público se utiliza en su producción.

Que la entrada sea gratuita es positivo para el acceso a la cultura, pero no vuelve irrelevantes estas preguntas. Un evento puede beneficiar al público y, al mismo tiempo, funcionar como plataforma para los objetivos de sus organizadores. Ambas cosas pueden ser ciertas.

enjambre sesión fotográfica

¿Qué lugar ocupan las bandas en este proyecto?

La presencia de Enjambre en el cartel merece una discusión particular porque su música convoca a un público que transita entre el circuito alternativo y los grandes escenarios. Pero participar en el Vitae Fest no demuestra que la banda comparta las convicciones religiosas de la fundación, ni sería justo atribuirle una postura política sin declaraciones que la respalden.

La discusión no consiste en exigir que los músicos se presenten únicamente en espacios ideológicamente afines. Consiste en preguntarnos qué información reciben sobre quienes organizan sus conciertos, qué relación existe entre sus contratos y los objetivos institucionales del evento y cuánto conocen sus audiencias sobre ese contexto. La participación artística, el respaldo ideológico y la responsabilidad de los organizadores son cuestiones distintas que deben examinarse por separado.

Esta misma pregunta alcanza a la escena independiente. Estamos acostumbrados a debatir sobre patrocinadores, marcas, disqueras, promotores y las relaciones económicas que sostienen a la industria musical. Sin embargo, cuando un evento ofrece un cartel atractivo y acceso gratuito, esa mirada crítica puede desaparecer. La música no deja de tener un contexto político, económico y cultural porque se presente en una plaza pública o porque no haya que pagar boleto.

descargar (1)

No basta con escuchar el cartel

El Vitae Fest pone sobre la mesa una cuestión que va más allá de una sola fundación o de una sola banda: ¿qué tanto conocemos a las organizaciones que producen los espacios culturales que habitamos?

No se trata de convertir cada concierto en una prueba de pureza ideológica ni de asumir que asistir equivale a respaldar todas las ideas de sus organizadores. Se trata de reconocer que nuestras decisiones culturales tienen un contexto y que vale la pena examinarlo, especialmente cuando una institución declara abiertamente que busca influir en los valores de las nuevas generaciones.

Si queremos hablar seriamente de independencia cultural, también tenemos que hablar de financiamiento, de relaciones institucionales, de transparencia y de los proyectos ideológicos que pueden acompañar a la música. La discusión sobre las posiciones políticas y sociales de Vitae debe continuar con evidencia concreta, incluyendo sus posibles posturas sobre el aborto, los derechos reproductivos y la diversidad sexual, sin dar por demostradas posiciones que aún requieren documentación.

La próxima vez que un cartel nos convenza de asistir a un festival, quizá convenga mirar un poco más allá del escenario. ¿Quién lo organiza? ¿Quién lo financia? ¿Qué valores declara promover? ¿Qué información tenemos sobre las instituciones que hacen posible el evento?

Porque disfrutar de la música y cuestionar las estructuras que la rodean no son actividades incompatibles. Y porque la cultura también merece que nos preguntemos quién está detrás de ella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Related Posts