La nostalgia sigue ahí, entre sintetizadores, guitarras y melodías que parecen venir de un pasado que nunca terminamos de vivir, pero ahora hay algo diferente: el pasado también empieza a ser el propio.

La vida es un chiste demasiado largo, quinto álbum de estudio de Gerard Alegre Dòria, llegó el 25 de septiembre con trece canciones que vuelven sobre algunas de las obsesiones que han acompañado al proyecto durante más de una década: el paso del tiempo, el desamor, las expectativas, la rutina y esa sensación bastante incómoda de no tener demasiada idea de qué estamos haciendo con nuestra vida.

Pero esta vez la nostalgia parece menos relacionada con una época y más con las personas que fuimos.

SE VENDE, el primer adelanto, ya anunciaba esta nueva etapa desde una identidad visual muy particular. Gerard convierte el concepto de una inmobiliaria en una pequeña pieza absurda y extrañamente doméstica: casas, agentes, decorados y personajes que parecen pertenecer a un anuncio inmobiliario llevado hasta un lugar bastante más raro. El videoclip fue dirigido por Aitana Blasco, con Gerard Alegre Dòria a cargo de la dirección de arte y el atrezzo.

Después llegó No me entero de nada, y la frase podría funcionar casi como declaración de principios del disco. El videoclip, dirigido por Gerard y filmado y editado por Ekaterina Kuzmina, mantiene esa sensación de producción cercana y deliberadamente artesanal que comienza a definir visualmente esta etapa. No parece haber una separación demasiado grande entre la canción, el personaje y quien está detrás de la cámara.

Con Plantas y Barro el universo visual se vuelve todavía más extraño. Gerard y Neelam Khan Vela construyen un pequeño mundo donde aparecen plantas, un soldado, un coche y objetos cotidianos convertidos en parte del decorado. Incluso el casco del soldado terminó siendo una ensaladera. El resultado tiene algo de juego infantil, de surrealismo doméstico y de humor absurdo, mientras la propia canción lanza un sencillo mensaje: “No a la guerra / Sí a las plantas”.

Y entonces aparece Jefe, quizá la pieza que mejor conecta el cansancio cotidiano del disco con su humor. Gerard dirige el videoclip y aparece como un cantante nervioso frente a un jefe interpretado por Borja Rosal. La estética vuelve a estar lejos de la espectacularidad tradicional del videoclip y se acerca más a una especie de pequeña representación absurda sobre el trabajo y la subordinación.

Hay algo coherente en todos estos videos: El Último Vecino no parece intentar construir un mundo futurista para hablar del presente. Construye pequeñas realidades absurdas con objetos cotidianos. Una casa, un coche, una planta, una oficina, un personaje nervioso. Como si el absurdo no estuviera en otra dimensión sino exactamente aquí, en nuestra vida diaria.

Y eso conecta perfectamente con La vida es un chiste demasiado largo.

Canciones como El mejor año, Hola cómo estás?, Cosas de la edad o Su juventud hablan desde ese lugar donde la nostalgia deja de ser una pose estética y empieza a sentirse demasiado personal. Ya no solamente extrañamos una época: podemos extrañar una versión de nosotros mismos.

Quizá por eso este disco se siente diferente para quienes llevan años siguiendo a El Último Vecino. Porque escuchar a Gerard hablar del tiempo en 2026 también significa enfrentarnos al nuestro.

Han pasado más de diez años desde aquel primer álbum homónimo. Nosotros también cambiamos. Algunas personas ya no están, otras están pero de otra manera, y ciertas cosas que parecían lejanas ahora empiezan a convertirse en recuerdos.

Tal vez ahí está el verdadero chiste demasiado largo.

Que seguimos intentando entender la vida mientras el tiempo sigue pasando.

Y, por suerte, todavía podemos poner un disco de El Último Vecino y bailar mientras intentamos entenderlo.
Pues el próximo 8 de octubre, regresa a CDMX, a cargo de El Brillante, en el Foro Rebel

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