Hay algo extraño en ver a La Texana dentro de un estudio de KEXP. No porque resulte extraño que Josué Ramírez haya llegado hasta ahí —a estas alturas, después de todo lo que ha ocurrido alrededor del proyecto, sería absurdo seguir hablando de él como una promesa— sino porque quienes conocimos a La Texana hace algunos años todavía podemos recordar perfectamente la escala en la que comenzó todo. No había una banda de cuatro integrantes, ni un Teatro Metropólitan, ni giras internacionales, ni un disco publicado por un sello. Había un morro de Tijuana haciendo canciones en su casa, una computadora, una guitarra y esa clase de aislamiento involuntario que terminó empujando a una generación entera a crear cosas desde sus habitaciones.

El 28 de septiembre de 2026, KEXP publicó la sesión de La Texana grabada en sus estudios de Seattle. Josué aparece acompañado por José Luis Alcalde en el bajo y coros, Iñaki Yañez en la guitarra y Francisco Rueda Carrera en la batería, recorriendo cinco canciones que atraviesan distintas etapas del proyecto: “Terco”, “La Parca”, “Resiste”, “Siempre me cuesta regresar” y “Un día como hoy”. La sesión fue registrada el 11 de agosto y cuenta con Albina Cabrera como host, Kevin Suggs como ingeniero de audio y Lucas Rossetto —El Brillante— como invitado en ingeniería de audio y mezcla.

Para alguien que apenas está descubriendo a La Texana, todo esto puede parecer la consecuencia lógica de un proyecto que simplemente creció. Para quienes la seguimos desde antes, la imagen tiene otra lectura. La Texana comenzó a principios de 2021 como un proyecto digital y, como ha contado el propio Josué, al principio ni siquiera lo concebía como algo particularmente serio. Durante la pandemia comenzó a producir desde su habitación en Tijuana y a subir las canciones a internet como un hobby y que YouTube fue una de las principales plataformas por las que su música comenzaba a circular. En agosto de 2021, El Brillante se puso en contacto con él precisamente con la intención de llevar un proyecto nacido en internet hacia los escenarios.

La historia tiene algo de paradójico porque el aislamiento que normalmente asociamos con aquellos años terminó siendo el contexto en el que La Texana encontró su forma. Josué tenía entonces 17 años y estaba construyendo canciones prácticamente solo.

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“Nunca He Sabido Amar” fue una de las piezas que ayudaron a que La Texana dejara de ser simplemente un proyecto subido a internet. En aquella primera etapa también apareció una estética y una identidad que no necesitaban demasiada explicación: post-punk, vulnerabilidad, sintetizadores, guitarras, letras personales y, desde muy temprano, una intención de introducir elementos que no pertenecían necesariamente al molde europeo del género. En una entrevista posterior con Mondo Sonoro, Josué explicaría que quería encontrar un sello distintivo incorporando música mexicana, particularmente referencias norteñas, al post-punk. No era un gesto decorativo. Era parte de la búsqueda por hacer que aquello sonara a algo que pudiera pertenecerle.

Lucas Rossetto ha contado que descubrió a La Texana mientras estaba en Colombia. Una amiga puso “Nunca he sabido amar” en YouTube y la canción llamó su atención. Al investigar quién estaba detrás descubrió que Josué era todavía muy joven. Al día siguiente se puso en contacto con él y, al darse cuenta de que estaba hablando con un adolescente, le pidió que consultara la propuesta con sus padres. La idea era llevarlo a Ciudad de México para tocar con Depresión Sonora.

Ese encuentro es mucho más importante de lo que parece cuando se cuenta rápidamente. El Brillante no apareció cuando La Texana ya tenía una carrera consolidada y necesitaba alguien que administrara lo que había construido. Apareció cuando el proyecto todavía estaba intentando descubrir qué podía ser. La propia agencia se define actualmente como una estructura dedicada al management, booking, desarrollo e internacionalización de artistas, y la relación con La Texana permite entender lo que significa eso en la práctica: tomar un proyecto que había nacido en internet y ayudar a construir las condiciones para que pudiera existir también frente a un público.

La primera prueba fue especialmente significativa porque implicaba a una de las influencias fundamentales de Josué. Depresión Sonora había sido una referencia importante para la creación de La Texana. En una entrevista con Mondo Sonoro, Josué explicó que Marcos Crespo fue para él una especie de ventana hacia la posibilidad de hacer música desde una habitación y conseguir que una computadora pudiera producir la sensación de una banda completa. Esa influencia era tan directa que cuando La Texana llegó por primera vez a Ciudad de México terminó abriendo precisamente las dos fechas de Depresión Sonora en Foro Indie Rocks! en febrero de 2022. Aquellos conciertos fueron los primeros shows de La Texana y terminaron siendo sold out.

Josué mismo recuerda aquella etapa como algo casi absurdo por la velocidad con la que ocurrió. En una entrevista de 2023, cuando estaba a punto de regresar al mismo Foro Indie Rocks! pero ahora como acto principal, explicaba que aquellas dos fechas con Depresión Sonora habían sido apenas su segunda y tercera presentación en vivo y que todo había ocurrido demasiado rápido. También decía algo que ahora resulta particularmente significativo: Marcos Crespo había sido precisamente quien lo inspiró a comenzar el proyecto.

La historia no terminó ahí. Años después, la influencia se convirtió en colaboración. Cuando La Texana comenzó a trabajar en “Terco”, el primer adelanto de la casa que cae, Marcos Crespo participó en la producción junto con El Alcalde y el propio Josué. Sonido Muchacho, el sello madrileño que posteriormente publicaría el álbum, documentó aquel proceso y señaló que la canción fue grabada en El Diamante, en Ciudad de México.

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El propio Josué ha contado que trabajar con Marcos le permitió aprender mucho sobre producción y estructura de las canciones. En otra entrevista explicó que el disco se trabajó durante casi un año entre Marcos, El Alcalde y él, y que buena parte del proceso terminó siendo también una adaptación a la realidad de seguir produciendo en México cuando la distancia y los tiempos hacían imposible mantener siempre el mismo método.

Hay algo particularmente bonito en esa trayectoria, pero no hace falta adornarlo demasiado: uno de los proyectos que Josué escuchaba cuando todavía estaba encerrado en su habitación terminó siendo uno de los proyectos con los que trabajó para construir su propio sonido. El sueño no terminó exactamente como una fantasía adolescente de “algún día quiero colaborar con Depresión Sonora”. Terminó ocurriendo de una manera mucho más concreta: Marcos Crespo terminó metido en la producción de sus canciones.

Mientras tanto, La Texana dejó de ser solamente una colección de canciones hechas desde una habitación. Morro, publicado en 2023, fue el primer EP y marcó una etapa en la que el proyecto empezó a adquirir una dimensión mucho más definida. Para entonces ya había una audiencia que no solamente escuchaba las canciones en internet, sino que viajaba para verlas en vivo.

Dos años después llegó la casa que cae, su primer álbum de larga duración. Ahí la transformación se vuelve mucho más evidente. El proyecto conserva la oscuridad y la vulnerabilidad que estaban presentes desde las primeras canciones, pero hay una búsqueda más consciente por construir una identidad propia. Josué ha hablado directamente de su intención de incorporar elementos de música mexicana y norteña al post-punk, mientras que Rockdelux ha descrito el resultado como una combinación entre los claroscuros del post-punk contemporáneo y ecos del folclore de Tijuana.

Ese proceso también modificó la percepción de La Texana fuera de México. Para cuando llegó a España en 2025, Mondo Sonoro ya hablaba de un proyecto que acumulaba millones de reproducciones y que había pasado de las primeras grabaciones de dormitorio a colaborar con artistas como Depresión Sonora y Omar Apollo. La etiqueta de “post-punk” seguía siendo inevitable, pero comenzaba a quedarse corta para explicar todo lo que estaba sucediendo alrededor de las canciones.

El crecimiento en directo terminó de hacer visible esa transformación. En 2025 La Texana llegó al Lunario del Auditorio Nacional con un concierto sold out y, un año después, el 28 de febrero de 2026, cerró la gira de la casa que cae en el Teatro Metropólitan ante más de tres mil personas. En la entrevista que MILENIO publicó antes de aquella fecha, Josué recordó precisamente aquel concierto de 2023 frente a unas 300 personas como el punto en el que empezó a imaginar que el proyecto podía llegar mucho más lejos.

Y entonces apareció otra dimensión: la internacional.

La Texana participó en SXSW 2026, incluyendo el showcase KEXP’s El Sonido Live!, y recibió durante el festival el Grulke Prize en la categoría Developing International Artist. Pero conviene no confundir aquella presentación con la sesión que ahora estamos viendo. La aparición de marzo fue dentro del contexto de SXSW; la sesión de KEXP que acaba de publicarse fue grabada posteriormente, el 11 de agosto, en los estudios de la estación en Seattle.

La diferencia importa porque una sesión de Live on KEXP representa otra clase de registro. KEXP no es simplemente un medio que cubre conciertos. La estación de Seattle lleva más de cinco décadas trabajando alrededor del descubrimiento musical y actualmente describe su programa Live on KEXP como un espacio que ha acumulado miles de presentaciones y que se ha convertido en una especie de rito de paso para artistas. La estación cuenta además con alrededor de 3.5 millones de suscriptores y miles de millones de visualizaciones en YouTube.

Pero la relación de KEXP con México hace que la aparición de La Texana tenga todavía otra lectura. La estación ya había llevado su operación a Ciudad de México en 2019, cuando trabajó con NRMAL y Panoram Studios para registrar 16 presentaciones de artistas mexicanos. Posteriormente volvió a trabajar en México para nuevas sesiones. KEXP incluso identifica a Ciudad de México como su primer destino latinoamericano.

La Texana, por lo tanto, no está siendo “descubierta” por KEXP. Esa lectura sería injusta con todo lo que ocurrió antes. Lo que está pasando es distinto: un proyecto que nació dentro de una habitación en Tijuana está entrando ahora en uno de los archivos audiovisuales internacionales más reconocibles de la música independiente.

Y quizá por eso los créditos de esta sesión tienen un pequeño detalle que vale la pena mirar con atención. Entre los nombres que aparecen detrás de la grabación está Lucas Rossetto, El Brillante, como Guest Audio Engineer & Mixer. No solamente fue la persona que ayudó a que La Texana diera aquellos primeros pasos fuera de internet; años después, su nombre aparece también en la ficha técnica de la sesión que documenta hasta dónde llegó aquel proyecto.

Eso también habla de algo que suele desaparecer cuando se cuentan las historias de artistas independientes: la escena no está formada únicamente por quienes aparecen frente al micrófono. Hay managers, bookers, productores, técnicos, sellos, fotógrafos, promotores y otras personas que construyen las condiciones para que un proyecto pueda crecer. En el caso de El Brillante, la propia agencia plantea explícitamente su trabajo alrededor del desarrollo y la internacionalización de artistas. Y la historia de La Texana es probablemente uno de los ejemplos más visibles de esa labor dentro de la escena mexicana actual.

“Siempre me cuesta regresar” pertenece a una etapa temprana. “Un día como hoy” remite a Morro y a uno de los momentos en que la audiencia comenzó a crecer de manera evidente. “Terco” pertenece al universo de la casa que cae. “Resiste” y “La Parca” completan una sesión que, sin proponérselo necesariamente como una retrospectiva, termina funcionando como una especie de recorrido por distintas versiones de La Texana.

Y aquí es donde, para nosotros en PVNICO, la sesión tiene un peso distinto.

Porque conocimos a La Texana mucho antes de KEXP. Mucho antes del Metropólitan, antes de SXSW, antes de la casa que cae y antes de que fuera razonable hablar de él como uno de los proyectos mexicanos más reconocibles de esta generación. Lo conocimos cuando todavía era Josué haciendo música desde su cuarto, cuando la idea de que aquellas canciones terminarían recorriendo escenarios internacionales parecía mucho más improbable que inevitable.

También conocimos esa etapa en la que Depresión Sonora todavía era principalmente una referencia y no una colaboración. Cuando El Brillante todavía estaba ayudando a convertir proyectos nacidos en internet en artistas capaces de presentarse frente a un público. Cuando La Texana todavía estaba descubriendo cómo transformar una computadora, una guitarra y unas canciones en una banda.

La Texana llegó a KEXP, sí.

Pero para quienes estuvimos escuchando desde antes, quizá lo más interesante no sea hacia dónde llegó, sino poder reconocer todavía, detrás de la banda, las canciones que alguna vez empezaron en aquel cuarto de Tijuana.

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