Hoy se cumplen 18 años de The Bedlam in Goliath de The Mars Volta: caos, ouijas, presencias raras y un clásico que desafía la cordura

Hoy, 29 de enero de 2026, se celebra el aniversario número 18 del lanzamiento de The Bedlam in Goliath, el cuarto álbum de estudio de The Mars Volta, publicado originalmente el 29 de enero de 2008 por Gold Standard Laboratories y Universal Motown Records. Desde su salida, este disco se ganó un aura de mito entre quienes han seguido de cerca el viaje sin freno de la banda: una obra intensa, saturada de simbolismo y rodeada de historias que suenan más a crónica paranormal que a simple anécdota de estudio dentro del rock progresivo.

Lo que distingue a The Bedlam in Goliath no es solo su brutalidad sonora —ritmos implacables, estructuras quebradas y explosiones que parecen rituales psicodélicos— sino la historia detrás de su creación. En el centro del proceso estuvo un tablero de ouija que Omar Rodríguez-López compró durante un viaje a Jerusalén como regalo para Cedric Bixler-Zavala. El objeto, bautizado The Soothsayer, terminó convirtiéndose en el eje conceptual del álbum y, según la propia banda, en un catalizador de tensiones, accidentes, mala suerte y una sensación constante de energía cargada durante la grabación.

El disco también marcó un punto clave en la alineación del grupo: fue el primero con Thomas Pridgen como baterista oficial, una pieza fundamental para entender la violencia rítmica y la velocidad casi inhumana que atraviesan el álbum. Comercialmente, The Bedlam in Goliath debutó en el puesto número 3 del Billboard 200 —la posición más alta que The Mars Volta alcanzó en su carrera— con más de 54 000 copias vendidas en su primera semana, confirmando que el caos también podía dialogar con audiencias amplias.

Dentro de ese torbellino sonoro hay canciones que, con el paso del tiempo, se han consolidado como las más celebradas del disco. De acuerdo con rankings de sitios especializados y comunidades dedicadas al rock progresivo como TheTopTens y RateYourMusic, el consenso suele colocar en el primer lugar a “Goliath”, un tema que condensa la esencia del álbum: riffs cortantes, una base rítmica demencial y una sensación constante de persecución, como si la canción nunca permitiera al oyente recuperar el aliento. En segundo lugar suele aparecer “Wax Simulacra”, no solo por su duración breve y explosiva, sino por su eficacia quirúrgica: es The Mars Volta en estado puro, directo y feroz, una pieza que terminó por ganar el Grammy a Mejor Interpretación de Hard Rock en 2009 y que funciona como una descarga eléctrica dentro del disco. El tercer lugar lo ocupa con frecuencia “Metatron”, una de las composiciones más densas y atmosféricas del álbum, donde la banda juega con dinámicas expansivas, tensión acumulada y una sensación de trance que refuerza la narrativa oscura que atraviesa toda la obra.

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La campaña que acompañó el lanzamiento de The Bedlam in Goliath fue tan ambiciosa como su música. En enero de 2008 apareció Goliath: The Soothsayer, un videojuego online de tipo point-and-click con tintes de horror sobrenatural, basado directamente en la mitología del álbum. El juego estuvo disponible inicialmente en Amazon.com hasta el día del lanzamiento del disco y posteriormente circuló en plataformas como Newgrounds, ampliando el universo narrativo del álbum más allá del formato musical.

El aspecto físico y coleccionable del disco también fue clave. Además de las ediciones estándar en CD, The Bedlam in Goliath tuvo múltiples versiones en vinilo que hoy son piezas de culto. La edición original se lanzó en formato doble LP, prensada en vinilo negro, con arte interior que incorporaba referencias visuales a la ouija. Algunas ediciones limitadas incluyeron un vinilo adicional de 7 pulgadas con la canción “Mr. Muggs”, prensado en forma de planchette, convirtiéndose en uno de los objetos más buscados por coleccionistas. Años más tarde, en 2021, el álbum fue reeditado en un box de 3 LP por Clouds Hill, con remasterización oficial y un tercer disco dedicado a “Mr. Muggs”, además de variantes en vinilo de color que reforzaron el estatus del álbum como pieza fetiche dentro del catálogo de The Mars Volta.

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A 18 años de su lanzamiento, The Bedlam in Goliath sigue generando debate, obsesión y lecturas múltiples entre quienes entienden la música como una experiencia total. No es solo un disco que se escucha: es un artefacto cargado de historia, tensión y mito, que suena como si algo más —algo difícil de nombrar— estuviera tocando junto a la banda. Y quizá ahí radica su poder: en esa sensación persistente de estar frente a una obra que no termina de explicarse del todo, pero que sigue llamando, una y otra vez, a quien se atreve a entrar en su caos.

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